Después
de una semana en Christchurch, sólo habíamos logrado una magra
promesa de entrevista en un lavadero de autos; seguramente las
condiciones para obtener el puesto habrían sido adoptar a El Guachón
como grupo (de cumbia) predilecto, vestir andrajos y apestar a tinto
bien tobara.
Pero evidentemente la llamada nunca llegó, como todas esas cosas
lindas que una entidad superior (papi, el Jefe, Nelson Mandela, Dios,
etc.) promete y al final se desvanecen en una nube de pedo incertidumbre y ambigüedad.
De rebote, lo que llegó fue una breve estadía en la que sus
responsables denominan “el sueño de toda familia kiwi”: una casa
grande y moderna en medio de un jardín de 2 hectáreas (puesto #35
en el libro de los mejores jardines de NZ) con vacas, patos, ovejas,
gallinas, ponies, pileta, tractor, arroyito con kayak, etc. (no sé
qué es el “etc.”, jaja).
Caímos
con mi muchacha a hacer help
exchange nuevamente.
Lo que hicimos: trabajo ligero en el jardín (que incluyó algo de
desmalezamiento, for the record).
Y
podar algo, recolectar delicadamente semillas de frágiles
florecillas, intentar mover una roca gigante, etc. Lo que obtuvimos:
altas comidas caseras y productos gourmet
(margarina
de oliva, hummus, quesos finoli), birras en la pileta, charlas
cálidas, pero fundamentalmente sentirnos parte de la familia: el
primer día fuimos al acto de fin de curso de la muchacha de la casa,
otro día suspendimos las labores para compartir un “té matinal”
con visitas, y el último día incluso una barbeque
(que
es como un asado, pero más trucho, según la biblia
fizukiwi.blogspot.com) con varias familias amigas.
Resumen,
en cinco días tachamos varios puntos en la “lista de cosas a
experimentar en un viaje así”. Invaluable.
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En
esos días recibimos un llamado de una agencia de empleo en un pueblo
cercano, para “ir a laburar al campo”, no más específico que
eso. Pero bueno, trabajo rentado significa más viaje, así que
rumbeamos para Ashburton, sin saber nada aún acerca de los
temibles... brócolis mutantes.
.
.
.
.
.
Seguimos
sin saber nada, igual, sólo un truco de suspenso barato, al igual
que el título del posteo.
De
lo que sí sabemos es de arrancar los primordios florales (las flores
aún verdes y cerradas) de azucena en campos extensísimos. Miles,
hijas de puta. Agachados o encorvados bajo el implacable sol de la
región de Canterbury.
Para
variar, por suerte, hubo que desmalezar campos de cebolla y de
centeno. El primero, ocho horas en cuclillas, tengo los cuádriceps
el doble de grandes. El segundo, es como ser perseguido por
velocirraptors o Jeepers Creepers
a
través de las altas espigas apiñadas, que no permiten el paso a
menos que pises unas cuantas. Y uno siempre mira hacia atrás, pero
el centeno es muy alto y siempre puede haber algo escondiéndose ahí.
Así
es la vida en Ashburton, un pueblo sin muchas distracciones, sin
peculiaridades, sin lujos... en fin, sin nada.
Así
también se vivió la previa de una de las etapas laborales más
prometedoras en la vida del backpacker
(mochilero), cargada de beatitud y emoción aventurera: la cosecha de
la Cereza en Cromwell.
Continuará... (¿Lo quéee?)
Doce grosos que conocí en el 2012
Antrópologa
cumbiera
a
todo le ponés pila
un
gusto volver a verte
Pérez
Camila
Dormilona,
encantadora
Compañía
a la mañana
te
veo en unas semanas
Sussanich
Serrana
No
me mientas
no
me intrigues
Sé
quién sos (un pibe groso)
Matías
Rodriguez
Sonriendo
el pillín
planea
sus fechorías
Ganador
indiscutible
Julián
García
Divertido
y chamuyero
Un
maestro en ser feliz
Gurú
cordobés y sabio
Mariano
Ruiz
Al
carácter de tu risa
nadie
llega a los talones
filósofa
posmoderna
Cecilia
Gómez
Jodón
y carismático
Sabés
bien cómo te banco
Celebrity
en estas tierras
Ridolfi
Franco
Tierna
petisa grosera
Voz
de pito, o de banana
Aprendí
mucho de vos
Cáceres
Daiana
Pervert
face y
slang criollo
Simpáticos
y modestos
Entidad
inseparable
Santi
Lema y Juani Crespo
Conversadora
incansable
Compañera
y luchadora
Latina
hasta lo impensable
Cateryn
Rolak
Muy
fina y sofisticada
Farmacéutica
soñadora
El
éxito te persigue
Lorena
Loyola