Translate to English, ya!

miércoles, 20 de marzo de 2013

A Sweet as Ending, Bro!


Como decía, cosas buenas y cosas malas. Después de una bella jornada 100% de turista conociendo el majestuoso fiordo de Milford Sound (belleza pura) y comer una legendaria FergBurger, el 26 de febrero de 2013 amanecí solo, acalambrado y confundido en el asiento trasero de mi auto. Todo mejoró un par de horas después: me tiré del salto bungy más alto de Oceanía (¿?). Peeeero al ocaso de ese mismo día estaba 600 km al Norte, al costado de una ruta secundaria con mi auto despidiendo humo por el capot, y ningún rastro de civilización visible.

La vista desde el borde, antes de caer

Pero Dios siempre ayuda (si no pregúntenle a Francisquito I). Y más todavía por esos lados. Una hora más tarde estaba cenando con una bellísima familia, que me había hospedado junto con mi chica un par de meses antes. Otra vez como en casa. Con mi Pseudo Papá intentamos hacer funcionar el auto al día siguiente, sin resultado. El auto fue vendido como chatarra.
Ya habiéndome despojado de tan pesada carga material me encontré liviano y libre; así fue que extendí las alas y volé de Christchurch a Wellington, la agradable ciudad capital.





Me reencontré con mi Chin Yin - todavía con un bronceado que sólo puede ser forjado en Fiji – y durante el siguiente mes y medio recorrimos la Isla Norte de punta a punta, a dedo. Cada semana cambiábamos de lugar, parando en granjas o casas usando el sistema HelpExchange o WWOOFing (trabajando cuatro-cinco horas por día en jardines o granjas a cambio de alojamiento y comida).
Así en esta etapa final de nuestro viaje realmente empezamos a frecuentar gente de aquí. Antes cosechábamos o empacábamos frutos, siendo casi todos extranjeros en el ambiente de trabajo, y compartíamos hostel o vivienda con extranjeros.

       Las bellísimas feijoas que cosechamos

La gilada laburadora de Waipapa





Pero este breve episodio final del viaje nos permitió conocer realidades insospechadas, como la existencia de numerosas pandillas, la relación entre la caída del yen y la urbanización de la campiña en NZ, el Lejano Norte (Northland) como epicentro de la vagancia + planes sociales + robos (¿+ maori?), etc.

Diversidad de personajes pasaron por nuestras pupilas -y, a veces, por nuestros corazones-, compartiendo su casa o su auto, o incluso una bolsa de duraznos al costado de la ruta... pero fundamentalmente un pedacito de sus vidas. Leñadores, docentes, empresarios, hippies, granjeros, músicos, gente misteriosa, amas de casa, etc. También entendimos elementos que a priori no pensábamos encontrar representados aquí: los orígenes del rebrote del racismo nord-europeo, las pretensiones de Croacia y la hospitalidad en Bosnia, los modales en Omán y la frivolidad en los Emiratos Árabes, las asquerosas golosinas holandesas...


Tipo muy humilde y copado. Lió un cigarrillo en 2,8 segundos. Mientras manejaba.


Bombón haciendo dedo :)

Tipo duro, muy duro. Al lado el conductor, vestido de negro.


En fin, aprendimos (o creemos haber aprendido) varias cosillas.
  1. No, hacer dedo no es peligroso/incómodo/una pérdida de tiempo).
  2. Sí, la gente es intrínsecamente generosa, sólo parece no serlo en algunos lados por la inseguridad o algún otro factor.
  3. Sí es posible viajar sin gastar dinero (en promedio usamos dos dólares por día per cápita)
  4. Sí, el salto bungy es caro e increíblemente corto. ¿Vale la pena? Creo que sí.
  5. Sí, cualquiera -CUALQUIERA- puede aprender lo necesario para vivir o viajar dondesea en el mundo: a cosechar arándanos, plantar frutillas, manejar por la izquierda, envolver pallets de pescado, bailar y causar risa para hacer dedo, jugar juegos para tomar, transportar sólo lo estrictamente necesario como equipaje, comer por monedas, hablar un poco de chino, tocar el ukulele, jugar al bádminton, meditar en un templo budista o cocinar comida malaya.

¿Lleva un tiempo acostumbrarse al acento y realidad neocelandeces? SÍ.
¿Vale la pena? Definitivamente, HELL YEAH, BRO!



Me hacía preguntas, antes

Para qué rezar si ya te tengo
Para qué formalizar si ya me vuelvo
A mirar el Sol desde otro lado
A comer pastafrola, alfajor y asado

Por qué vas a llorar si estás conmigo
Por qué menospreciás a aquel mendigo
Que te recuerda que nada poseemos
Y hay tantas cosas que no entendemos

Dónde estarás cuando te llame
Dónde estaré cuando me extrañes
Y me dediques poemas y nostalgias
Y te llenes de ibuprofenos y de cafias

Quién me esperará en mi retorno
Quién decorará de tu casa el entorno
Un jardín con gladiolos, enanos y jaulas
Para los pájaros, sádicas aulas

Cómo vamos a volver a vernos
Cómo cambiar del reloj el perno
Si la distancia es densa, inmensa
Y el reloj sopesa mi torpeza

Cuándo decidirás aceptar a otro
Cuándo batiré a duelo a un mostro
El de la duda y la indolencia insana
No sé si buscarte, siestear, o nada

Qué te atrajo de este tipo
Que no es fachero, audaz ni rico
Es como yo, que no supo elegirte
Se trata de mí, el que te dejó irte

miércoles, 20 de febrero de 2013

Lo que el Cherry nos dejó



-¡Andá a ese árbol, chabón, que ahí vienen los franceses y se van a agarrar todas las buenas!

Muchas realidades distintas coexistieron durante la cosecha de la cereza en Cromwell. Hubo varios eventos desafortunados, sí. Así como también algunos aventureros obtuvieron las recompensas prometidas por el inconsciente colectivo de la comunidad latina en NZ.

En mi caso, todo empezó hace muuucho tiempo.
Con mi groso amigo Ricky postulamos para ser clasificadores/evaluadores de calidad de cerezas para una pequeña compañía seis meses atrás, una lluviosa mañana de julio en la acogedora ciudad de Nelson.

Olvidé todo hasta Navidad, cuando el espíritu capitalista de Santa Claus me poseyó y me engatusó con argumentos como “dale, vamos a las cherries, es buena plata, seguro va a haber joda como en la temporada de kiwis en Te Puke, copate”.
Empaqué todo (es decir, arrojé violentamente mis mugrosas posesiones al baúl del auto), dejé a mi chica que en breve se iría a las playas de Fiji a caretear polinésicamente con sus amigas, y llegué a Cromwell una mañana fría, lluviosa, ventosa, tal como cuando postulé en pleno invierno. Incluso nevaba en las sierras aledañas al pueblo; el clima impredecible sería constante. Constante dolor de huevos.
Llovió el día que teníamos que empezar a trabajar, seguía nevando arriba. Al día siguiente, 27 °C de máxima, pero había que esperar a que las cerezas se secaran para que no se pudrieran al almacenarlas. Al otro día, lluvia de nuevo. Fuck. Encima no hay NADA para hacer que no sea trabajar, en esta pequeña pero pretenciosa localidad.
Cuando por fin empezamos a trabajar el buen humor renació en nuestros codiciosos corazones. Diez horas el primer día, moviendo baldes o seleccionando cerezas, cobrando NZ$16 por hora. Joya. Empezamos a hacer cálculos, proyecciones, horóscopos precolombinos. Esa noche soñé con un café en París.
Segundo día, luego de dos horas fuimos informados del agotamiento de las reservas de cerezas, por lo que tendríamos que esperar a que se cosecharan más, ¡cuatro días “libres” antes de volver a trabajar! Esa noche soñé con Lita de Lazzari y latas de picadillo de carne sobre galletas Marolio.

Ahí recordamos que la pasividad y la paciencia a veces pueden ser confundidas. Pero no por nosotros, pre-pelotudos laborales que subsistieron tres meses en Nelson trabajando sólo cuando el gordo de la agencia de trabajo se dignaba a darnos laburo por el día y prometiendo más horas para la siguiente semana, cosa que nunca ocurrió.
Movimos cielo y tierra -queda mejor que explicitar que llamamos sólo a dos lugares- hasta que encontramos trabajo como cosechadores/recolectores (pickers) para otra compañía con muuuuchos huertos de cereza.
Para describir brevemente, el sistema es sencillo: uno tiene un arnés del cual se cuelga un balde, y empieza a recoger cerezas cuidadosamente. Cuando el balde está lleno, se deja en el piso y se pega una etiqueta con el propio número de empleado. Los baldes son revisados periódicamente con más o menor dedicación. El pago al empleado casi siempre fluctúa entre NZ$4 y NZ$8.
Y bueno, empezamos excelente, buena fruta, supervisores copados, trabajando al ritmo que uno desea, tomando pausas o no, hablando, escuchando música foránea e incluso la posibilidad de bailar coreografías o flashmobs.
Pero había gente el doble de rápida, es decir que juntaban el doble de baldes de fruta y por lo tanto el doble de dinero. ¿Cómo hacían? Pregunté aquí y allá, luego de observarlos y no encontrar ninguna habilidad sobrehumana o velocidad epiléptica.
-No te preocupes por la calidad, excepto la fruta que queda a la vista. Abajo podés poner lo que quieras- me dijo un pícaro y desgarbado francés.

Cuando intenté poner en práctica la nefasta praxis, fruto de la novedosa “viveza criolla” francesa, todo parecía ir a las mil maravillas. Agarraba prácticamente cualquier cosa, sin preocuparme por la calidad, excepto en la fruta en la superficie del balde.
Fenómeno, treinta y un baldes ese día, mucho dinero.
Después de un par de días de lluvia en los que no se trabajó, volvimos con todo, ya alertados mis amigos de que la estrategia corrupta andaba bárbaro. Excepto que a media mañana el supervisor me llamó y me dio un papelito prolijo y formal. “Esto es una carta de advertencia… tu fruta del viernes fue de una calidad pésima, si sigue ocurriendo quizá recibas una visita de unos amigo grandotes a los que les gusta mucho hablar… con sus puños”.
Ah, no, lo último se me traspapeló de alguna película pedorra de matones. Pero lo de la carta es cierto. Y merecido, en verdad. Eso es lo lindo de los malos hábitos, que aunque en algunos casos parezcan lo más conveniente, en verdad siempre son castigados.
Aunque yo fui el único que recibió carta de advertencia, muchos otros hicieron desmanes similares, por lo que los peces gordos de la empresa decidieron ponernos bajo el mando de un supervisor recio y de antecedentes castrenses (cabo segundo en la última guerra contra los maoríes rebeldes, según cuentan). Molesto como pocos, el chabón. Encima se notaba que había superpoblación de pickers (recolectores) por lo que en cinco o seis horas por día terminábamos los lotes de mierda que nos tocaban, con poca fruta y sólo en las copas de los cerezos.



Así que un día con Ricky, mi capo compa chino, decidimos cambiarnos a la mayor empresa de todas, NZ Cherry Corp. Y ahí fuimos. Y estuvo bueno, mayormente. El caso es que a veces tocaba recolectar la fruta que no estaba madura en la primera recolección. Ahí se complicaba para obtener dinero. Pero un par de días de excelente fruta y bastante calorcito, luego de once horas -parando sólo un par de veces para visitar los exquisitos baños químicos y volver corriendo- engañando la sed y el hambre (ya se imaginarán con qué)* se pudo hacer un dinero aceptable.
Al final de la temporada, cuatro semanas, finalmente terminamos obteniendo el mismo dinero que en la mayoría de los otros empleos estacionales, pero con la ubicación estratégica del pueblo pudimos visitar muchos otros lugares, al estilo Bariló-S.M. de los Andes, y otros aún más maravillosos (Milford Sound, alto fiordo).
Después de invertir un dinerillo en arreglar el auto para obtener la renovación de la WoF (garantía de buen funcionamiento, como la VTV en Argentina), y de invertir igual cantidad de dinero en actividades increíbles e inolvidables,  emprendí un largo viaje, desde Queenstown a Christchurch, 600 aburridos kilómetros, teniéndome a mí mismo como única compañía. Alto fiasco.
Dos grandes cosas estaban a punto de suceder, una muy buena y otra muy malita…

* No, la respuesta no es “merca”.

Un poema bien copado, para variar:


Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


Pablo Neruda

martes, 8 de enero de 2013

Tratado sobre la sutileza y el desmalezado


Después de una semana en Christchurch, sólo habíamos logrado una magra promesa de entrevista en un lavadero de autos; seguramente las condiciones para obtener el puesto habrían sido adoptar a El Guachón como grupo (de cumbia) predilecto, vestir andrajos y apestar a tinto bien tobara. Pero evidentemente la llamada nunca llegó, como todas esas cosas lindas que una entidad superior (papi, el Jefe, Nelson Mandela, Dios, etc.) promete y al final se desvanecen en una nube de pedo incertidumbre y ambigüedad.
De rebote, lo que llegó fue una breve estadía en la que sus responsables denominan “el sueño de toda familia kiwi”: una casa grande y moderna en medio de un jardín de 2 hectáreas (puesto #35 en el libro de los mejores jardines de NZ) con vacas, patos, ovejas, gallinas, ponies, pileta, tractor, arroyito con kayak, etc. (no sé qué es el “etc.”, jaja).
Caímos con mi muchacha a hacer help exchange nuevamente. Lo que hicimos: trabajo ligero en el jardín (que incluyó algo de desmalezamiento, for the record). Y podar algo, recolectar delicadamente semillas de frágiles florecillas, intentar mover una roca gigante, etc. Lo que obtuvimos: altas comidas caseras y productos gourmet (margarina de oliva, hummus, quesos finoli), birras en la pileta, charlas cálidas, pero fundamentalmente sentirnos parte de la familia: el primer día fuimos al acto de fin de curso de la muchacha de la casa, otro día suspendimos las labores para compartir un “té matinal” con visitas, y el último día incluso una barbeque (que es como un asado, pero más trucho, según la biblia fizukiwi.blogspot.com) con varias familias amigas.
Resumen, en cinco días tachamos varios puntos en la “lista de cosas a experimentar en un viaje así”. Invaluable.

                                               _________________________________________

En esos días recibimos un llamado de una agencia de empleo en un pueblo cercano, para “ir a laburar al campo”, no más específico que eso. Pero bueno, trabajo rentado significa más viaje, así que rumbeamos para Ashburton, sin saber nada aún acerca de los temibles... brócolis mutantes.
.
.
.
.
.
Seguimos sin saber nada, igual, sólo un truco de suspenso barato, al igual que el título del posteo.
De lo que sí sabemos es de arrancar los primordios florales (las flores aún verdes y cerradas) de azucena en campos extensísimos. Miles, hijas de puta. Agachados o encorvados bajo el implacable sol de la región de Canterbury.
Para variar, por suerte, hubo que desmalezar campos de cebolla y de centeno. El primero, ocho horas en cuclillas, tengo los cuádriceps el doble de grandes. El segundo, es como ser perseguido por velocirraptors o Jeepers Creepers a través de las altas espigas apiñadas, que no permiten el paso a menos que pises unas cuantas. Y uno siempre mira hacia atrás, pero el centeno es muy alto y siempre puede haber algo escondiéndose ahí.
Así es la vida en Ashburton, un pueblo sin muchas distracciones, sin peculiaridades, sin lujos... en fin, sin nada.
Así también se vivió la previa de una de las etapas laborales más prometedoras en la vida del backpacker (mochilero), cargada de beatitud y emoción aventurera: la cosecha de la Cereza en Cromwell.

Continuará... (¿Lo quéee?)

Doce grosos que conocí en el 2012

Antrópologa cumbiera
a todo le ponés pila
un gusto volver a verte
Pérez Camila

Dormilona, encantadora
Compañía a la mañana
te veo en unas semanas
Sussanich Serrana

No me mientas
no me intrigues
Sé quién sos (un pibe groso)
Matías Rodriguez

Sonriendo el pillín
planea sus fechorías
Ganador indiscutible
Julián García

Divertido y chamuyero
Un maestro en ser feliz
Gurú cordobés y sabio
Mariano Ruiz

Al carácter de tu risa
nadie llega a los talones
filósofa posmoderna
Cecilia Gómez

Jodón y carismático
Sabés bien cómo te banco
Celebrity en estas tierras
Ridolfi Franco

Tierna petisa grosera
Voz de pito, o de banana
Aprendí mucho de vos
Cáceres Daiana

Pervert face y slang criollo
Simpáticos y modestos
Entidad inseparable
Santi Lema y Juani Crespo

Conversadora incansable
Compañera y luchadora
Latina hasta lo impensable
Cateryn Rolak

Muy fina y sofisticada
Farmacéutica soñadora
El éxito te persigue
Lorena Loyola

jueves, 13 de diciembre de 2012

Atravesando la Isla Sur, me pasó que...


Miro hacia atrás y veo innumerables caminos, algunos recorridos y muchos otros que pude haber tomado pero descarté.
Miro hacia adelante y no veo nada, la arena de una playa sorprendentemente parecida a la Bristol me lacera los ojos, ¡viento de mierda!

Estoy en Christchurch, una ciudad que todavía sigue bastante hecha polvo después de un par de terremotos, Divinas sacudidas a una ciudad alejándose del Camino. Igual esta gente no aprende más, el Casino sigue siendo el principal polo de entretenimiento. Así les va a ir, paganos de miérrrcoles. (¿?)
En este lapsus sin actividad nueva en el blog hice muchas cosas. Generalmente sin importancia, obvio. Pero sucedió alguna que otra cosa relevante para mí.

Por ejemplo, renuncié al empleo de abridor de mejillones. Lo que en el momento estaba resultando bastante insoportable, ahora, tres semanas después y estando desempleado, se revela como muy bueno. Como todo; todo tiempo pasado fue mejor.
Partí con la genial piba malaya que sería mi novia, y uno de mis mejores amigos multiculturales, un chino con el que compartí laburo y vivienda por dos meses. Ambos chinos de etnia, pero tan distintos entre sí como Nietzsche y Belén Francese.
(Para no bardear mejor no entrar en detalles, pero diré que ella es jodona, laburadora, sabia y sensata. Ah, y tiene pecas, y los gemelos más grandes que los míos).

Como decía, el equipo partió hacia la costa Oeste de la Isla Sur de la Tierra Media, eh, de Nueva Zelanda, digo. Luego de piruetas exploratorias arribamos al punto etremo de una ruta, en una aldea hippona llamada Karamea, parando en un hostal aún más hippie, colorido, musical, orgánico y experimental. Así, de un lugar del que poco sabíamos y nada esperábamos, obtuvimos una visita a una vueva filmada en El Señor de los Anillos, un poco de práctica en el piano y la guitarra, una fiesta despedida de un equipo de filmación japonés (con birra y cerdo asado gratis), y la posibilidad de transmitir por la radio local un par de canciones. Jugó, Karamea.



Luego de pasar por el bello sitio de Punakaiki, alias Pancake Rocks, al día siguiente, y de comprobar los rumores sobre la sombría ciudad de Greymouth (“Boca gris” en criollo; gris el cielo, grises las edificaciones, gris es el humor de la gente, e incluso su ropa interior y sus acolchados), llegamos a destino, un hotel de montaña en el cual pasaríamos los siguientes siete días trabajando unas horas por comida y alojamiento.
Un trato estupendo. Estar en el medio de un groso parque nacional, acunado por las montañas y comiendo de restaurante todos los días, a cambio de hacer unas camas, limpiar, cortar pasto, barnizar o lavar los platos. Un golazo. Help Exchange (helpx.net), para quien esté interesado en este subtipo de ganga.



Trekkings, series, joda y conversaciones con locales fueron parte de la magia. También la alegre presencia de la genia Erica, la italiana con el mejor nivel de inglés y la risa más estridente que haya conocido.
El obtener los recursos básicos para la supervivencia a cambio de sólo unas horas de esfuerzo revalida el estilo de vida primigenio, y hace que la rat race, el modelo capitalista de existencia en búsqueda de más y más posesiones parezca irrisoria.
El siguiente paso sigue constituyendo un misterio para quien escribe –un zopenco, si se me permite la expresión-. Y eso es excelente, ¡aguante los misterios, carajo, mierda!


Confesión poética de un ex represor de la última dictadura argentina

Anochece ya en el barrio
Titilan los cigarrillos
Dando un aire turbio, pillo
Noche de martes distinta
Flojas de ropa, minitas
Se muestran por esa calle
Entre corpiños, hondos valles
Así pues la escena pinta

Jamás antes lo pensaba
Mas ahora me entró gana
De tirar al aire una cana
Y yo no miento, mi amigo
Le digo que por capricho
Puse en marcha el fiel Renault
Limpio él, bañado yo
A buscar chicas, lo admito

Muy confiado y sin prejuicios
Salí a patrullar la zona
Verseándole a la patrona
Inicié la travesía
Que según habladurías
Guarda una o dos sorpresas
Con chicas mas bien traviesas
Me agarró la policía

Cómo aclarar el enredo
Con agentes de la Ley
Que ahora creen que yo soy gay
Por verme como me vieron
Al ladito del Renault
Desnudito y agachado
Con dos travas enfiestado
¡Viejo, milico, puto y pajero!

viernes, 2 de noviembre de 2012

Orgías, ensueños y bivalvos (II)

No hay edad para la Locura, ni para el Amor.
Un loco gritando solo caminando por Avenida Santa Fe. Fuente: lagenteandadiciendo (facebook)

No me nace analizar si hay edad para hacer las solemnes payasadas que me ocupan, pero las recomiendo porque jamás imaginé tanta magia indescriptible en sólo siete meses de "autoexilio temporal".
Lo que sí es digno de analizar es cómo incluso los trabajos más rutinarios y monótonos pueden legarnos lecciones invaluables. Hace un par de días un compañero de laburo, un ingeniero-aeronáutico-keniano-rasta, me dijo "No estás mejorando la velocidad de apertura de mejillones porque seguís tenso, loco" (palabras textuales, sólo olvidé transcribir el "rescatate, barrilete"), "en vez de desperdiciar tiempo agarrando frenéticamente los primeros que pasan, tomate un segundo en observar la situación, encontrar uno entero, sano y fácil de abrir." Primero me ofendí ligeramente, después reflexioné, intenté abrir más relajado y así bajé la velocidad 30% al principio. No cejé en el intento, y ahora aumenté la velocidad un 45%, o por'áhi.
La cinta que transporta estos moluscos es una analogía de la Vida y el Tiempo. Percibimos que pasa a una velocidad vertigiosa. Y que dura siempre menos de lo que nos gustaría. Pero si en vez de abalanzarnos hacia lo que queremos en el momento sin ton ni son, nos relajamos, despejamos la mente y nos concentramos en lo realmente importante, los resultados hablarían por sí mismos. (Así: blablablanosotroslosresultadosaprendimosahablarblabla).

La imagen no tiene nada que ver, pero me copó abundantemente.

La Vida es lo suficientemente larga, sólo que desperdiciamos la mayor parte. Asimismo, el turno laboral es lo bastante largo como para abrir muchos bichitos, pero perdemos tiempo en preocuparnos (¿?), hacer fuerza al pedo y bailar zarzuela con las supervisoras, entre otras barrabasadas. Afilar el cuchillo es como una parábola de la Educación, y/o de la pérdida de la timidez: puede parecer una pérdida de tiempo a algunos, muchos pasarán todo el turno (o la Vida) sin ello, pero los que tienen la determinación de hacerlo -o de pedirle a Mati Rodriguez que lo haga por ellos- son los que verdaderamente triunfan.
Igualmente, siempre terminamos obteniendo lo que necesitamos. Aunque no coincida con lo que queremos, claro. Por ejemplo, en la película Snatch, Turkish quería ganar una pelea de boxeo ilegal; la perdió pero obtuvo un diamante gigante. Un caso más cercano es (o va a ser) el tuyo. Enganchadísimo con una mina carilinda y de pasado deportista, en algún momento la burbuja de ilusión estalla, quedás desorientado, pero finalmente terminás casándote con una buena esposa y mejor madre, por la que en realidad no dabas dos mangos cuando la conociste. La primera se puede ir a cagar, incluso le podés dedicar una poesía alegórica que nunca va a leer.
En este momento, tirado bajo el sol de la región de Marlborough, y mientras intento (infructuosamente) no rascarme las pelotas  picaduras de jejenes que me llevé como recuerdo del onírico pueblo de Kaikoura, recuerdo otra importante lección legada por este trabajo de mierda súper copado y variado.



Me refiero al valor simbólico de compartir. Algunos compañeros de trabajo, experimentados abridores, se concentran en su propia labor y no interactúan con el resto. No se fijan cuántos van abriendo ellos u otros, no convidan mejillones a los del lado de los lentos, no regalan un par al que se demoró afilando el cuchillo.
Esta gente no entiende la importancia de un gesto tan simple y que -en honor a la verdad- no hace a una diferencia aritmética al final del día: abriendo de a miles, si uno regala diez o veinte está ayudando a hacer del lugar de trabajo, y quizás del Mundo, un lugar mejor. Mejora el ánimo general, todos nos sentimos más como parte de un equipo, trabajamos mejor y de paso hay menos despidos por ineficiencia. Pero bueno.
Ah, hoy estoy contento porque abrí 6600, número mediocre para muchos, pero es mi mejor marca y literalmente sudé para lograrlo.
Para aclarar, referirse a esta fórmula: Nm = E . e
Donde "Nm" es número de mejillones (mussels), "E" es esfuerzo (Effort), y "e" es eficiencia (expertise). Como soy muy inútil para tantas cosas, o sea poquísimo e, si abrí un Nm bastante alto significa que aumenté mucho el parámetro E. Por tanto, ¡Triumph des Willens! (Triunfo de la voluntad) , ergo estoy satisfecho.
Fue posible también debido a que los ensueños se redujeron al mínimo, generalmente relativos a los pros y contras de un eventual viaje a Tailandia con gran parte de la gente alucinante que conocí acá. Entre ellos, y augurándoles un excelente comienzo de travesía, a dos ejemplos, hermanos y gurúes, Marian y Fran, dupla admirabilísima. Genios, Godspeed!


Esos dos personajes tuvieron mucha suerte en su viaje en estas tierras kiwis. Otros no fueron tan afortunados, en sentido estricto, pero igual atesoran una historia de viaje maravillosa. Ejemplo, mi superfavorito blog workinholidero, fizukiwi.blogspot.com

Adictivísimo, muy divertidas peripecias y contadas magistralmente. Tip: se menciona la palabra orgía 23, 2 veces.  ¡Disfrutad!

Me dejo de romper las pelotas dejando la versión completa de este "poema" (para no decir "bazofia" que queda muy largo). ¡Chauchis! (¿?)


A la ex que nunca tuve

A vos que fingiste tanto tiempo
Que el que habías elegido era yo
Que no veías a ningún otro
Andate a la puta que te parió

Reconozco tu estrategia sutil
Tu carita plena me desarmó
Tu susurro artero me derritió
Y sobre un catre en aquel cuchitril
Te vi un abril con el chofer, Ramón

Te quise como a un tesoro oscuro
Como el Lamborghini a su motor
Como un vómito a un borracho
Andate a la puta que te parió

De vos aprendí muchas cosas
A amar, a soñar, a dar, a pensar
Y a urdir, calumniar, escabiar, cagar...
Arranqué de raíz margaritas y rosas
Me las di dolido en mi funeral.

Y ahora que mi corazón te mira
Desde el infierno donde se cayó
Hecho añicos por tu negra traición
Espero que acabes malherida
O con hemorroides como Ramón.



jueves, 4 de octubre de 2012

Orgías, ensueños y bivalvos

Dijo alguna vez el Bagre Pereira, legendario predicador bentónico, "no pequéis o seréis peScados". Al observar la inmensa cantidad de moluscos ASESINADOS -o si se quiere, AJUSTICIADOS- que pasan frente a mí, me permito suponer que habían organizado alta fiesta de la lascivia y la promiscuidad para merecer ese destino, una verdadera Gomorra oceánica. Uff, chabón.

Dentro de la empresa que me ocupa -pobres, menos mal que aún no me conocen- desmembro mejillones, alias mussels en inglés o choritos en Chile, durante 9:30 horas todos los días. Cuarenta personas nos ubicamos frente a una cinta circular por donde desfilan los cadáveres aún humeantes de los bivalvos. Como marcha fúnebre, el rugido ensordecedor de las máquinas adyacentes. Un quilombo de puta madre, digamos. Y ahí estamos un largo tiempo todos los días. "Hermoso" tiempo de introspección y desconexión entre la mente y la realidad externa. El cuerpo muta a robot, a engranaje autónomo del sistema productivo.

                                                            Aquí los mencionados Hijos de Puta.

Entre los numerosos ensueños que se suceden dentro de cualquier día recuerdo un proceso mental bastante ilógico. Mientras abría automáticamente los mejillones cortando el músculo flexor en la cara interna de una de las valvas pensaba... como siempre (en pelotudeces).
"Tuc, tuc, tuc, qué fácil. Es como un deporte sencillo. Deporte nuevo. Entra cuchillo, salen las tripas, decía Homero. Bien, bien, cada mejillón equivale a un km de viaje en Tailandia. Admington. Ádmington. ¿Cómo admington? Es BADMINTON. Admington suena a suburbio residencial de una ciudad inglesa de tamaño mediano. Pero esto que veo no es lo mismo. Uf, corté un pedazo de la carne de éste. Ya fue, no me está mirando ningún supervisor. Hay un tipo mostrando varias raquetas con doble mango; claro, porque en el admington siempre se le pega de revés a dos manos. Varias raquetas son negras, y el encordado es muuuy pequeño. Qué raquetas incómodas e inútles. Ché, qué buenos choritos, todos estos están calentitos, se pueden abrir sin usar el cuchillo. ¿El admington se juega muy distinto al badminton? ¡Eh! ¡Smoko! ¡Recreíto, síiiiii, vamooos!".

                                                         Estás posando, flaco, no te la creés ni vos la foto.

Algo así son las divagaciones. O algunas de ellas. Así pasan las horas, hasta que toca hacer la meticulosa limpieza, hora y media de fregar más detalladamente de lo que alguna vez hayas hecho en tu vida. Pero bueno, parece que lo vale. Espero. Creo.

Mientras tanto, si en algún momento se encuentran en un país primermundista y les ofrecen mejillones importados desde NZ, no los compren, por si alguno pasó por mis profanas manos.
Mentira, jaja. Sayonara!

PD: aprovecho para recomendar uno de mis dos blogs preferidos sobre working holiday en NZ, el del genio Bernardo Carignano (www.yomeanimoyvos.com.ar). Ídolo total, aunque la próxima publicaré mi superpreferido de toda la historia para siempre amén :D)

Oda a los intensos (para Karina Celser)(2° versión)

Bienaventurados los intensos
Los que buscaron y rebuscaron
Adentro y afuera de sí
Y entendieron que todo es pasión
Todo pasa por la energía invertida
El entusiasmo, las ganas y la fe.

Bienaventurada vos, si te encontrás
Haciendo fervientemente lo que amás
Siendo vehemente en lo que creés
Porque lo que trasciende,
Sea bueno o no tanto
Es todo aquello que arde
Como un fuego puro e infinito
Es lo que sale de las convicciones
Grabadas en piedra en el alma.

Lo que sos te excede
Más allá de que no te interese demostrar
Exudás tu esencia cristalina
Aunque no todos la merezcan
Cuando bajes al Mundo
Vas a entender de qué hablo.

No cejes, no dejes, jamás
No sigas por el camino recto,
y obvio y común
Saltá a un atajo riesgoso
Con fuerza, con ansias
Que se note tu presencia entusiasta
Cuando te despegues del resto
Gritando fuerte lo que defendés
Arremetiendo contra toda traba
¡Única! ¡Intensa!

sábado, 22 de septiembre de 2012

Guía de ejercicios para fucking inmigrantes

Habiéndose apenas cumplido la mitad de esta travesía hermosa y sinaléptica de la Working Holiday Nueva Zelanda, reflexiono acerca de banalidades, o lisa y llanamente, de pelotudeces. Por ejemplo, acerca de que posiblemente toda actividad tenga innumerables aplicaciones más allá de lo obvio. Por ejemplo, aprender a a actuar puede ser útil para estafas a organismos gubernamentales. Y viceversa (gubernamentales organismos estafan...) (?)
La cuestión es que en la dura lucha por la supervivencia en un país extranjero, un ser humano suele concentrarse en lo monetario ("tarasca" en cantonés; Santi Lema, dixit). Después del trabajo comúnmente no queda demasiado tiempo ni ganas de hacer ejercicio, pero... ¡un momento! ¡Sí se hace ejercicio!
A continuación, ejemplos de rutinas laborales/de entrenamiento (lo que mi limitada experiencia me permite analizar).

Lunes y jueves: stripping (arrancado de ramas) de viñas. 9 horas. Beneficios principales: destreza, velocidad, agilidad generales. Posiblemente uno de los trabajos menos creativos del mundo, pero ¿quién dijo que a alguien le importaba un carajo nuestra creatividad?
Tirar de las ramas y cañas a la mayor velocidad posible (=+$), balanceando brazos, piernas y torso en un movimiento armónico ha demostrado mejorar el rendimiento deportivo en un 36,3%, massssomeno.



2) Martes y jueves: correr junto al camión recolector de residuos. 8 horas. Beneficios principales: velocidad, potencia, especialmente en piernas y hombros. Horas corriendo tramos cortos y explosivos, o más largos alternadamente. Casi siempre en subida, y cargando a upa las poéticas bolsas. Acelerando para volver antes  a casa; nos pagan por ocho horas pero si terminamos antes ¡más tiempo de vida exterior!



3) Miércoles y sábados: descarga de barcos pesqueros. 10-12 horas, entrenamiento corto, ¿vio, Don Cosme? (¡!). Beneficios principales: Desarrollo en fuerza, especialmente en antebrazos, bíceps, dorsales y cupadriceps. Se recomienda que al menos una de las jornadas se entrene en la bodega freezer (-20 a -30 °C): la Academia francesa de Ciencias sugirió que aporta abundantes beneficios en la circulación y stamina. Lo hace Diojkovic, lo hace Navratilova, lo hace Gorbachov, ¿por qué no nosotros?


Bueno, después de todo ese compendio laboral ejecutado unas cuantas semanas, el sujeto debería tener una performance aceptable. Y bueno, puedo subir una colina saltando sin cansarme. Pero yendo a lo importante, hace dos domingos, antes del servicio evangélico en la Iglesia Internacional de Nelson, una anciana china me destrozó juando bádminton. Está bien, yo nunca había siquiera visto la pelota de cerca, pero igual... Hija de mil.
Acá debería haber una moraleja, pero prefiero que quede a vuestro criterio (Doña Karina, amén).


Yo

Escucho y analizo. Pienso.
Siento.
Cuando muera, récenme dos rocanroles
Y no olviden quién me trajo al Mundo.
Querría ver un barniz de dulzura sobre todo lo cotidiano
Pero no brota de mí,
¿cómo puedo exigirlo entonces?
No avanzo sobre un camino
Sin desandar algún otro
Qué va'cer

Prefiero la libertad responsable
Y ardua
A la simpleza adolescente.
Igual, falta un montón.
Aunque cada atardecer
Sobre el Mar fragante
Hace olvidar la fatiga, y esas giladas

No necesito análisis
Creo que más o menos ya me entendí
Tan zoquete como el resto
Tan pillo como los demás
Tan Yo que me doy miedo
(¿?)