Como
decía, cosas buenas y cosas malas. Después de una bella jornada
100% de turista conociendo el majestuoso fiordo de Milford Sound
(belleza pura) y comer una legendaria FergBurger, el 26 de febrero de
2013 amanecí solo, acalambrado y confundido en el asiento trasero de
mi auto. Todo mejoró un par de horas después: me tiré del salto
bungy más alto de Oceanía
(¿?). Peeeero al ocaso de ese mismo día estaba 600 km al Norte, al
costado de una ruta secundaria con mi auto despidiendo humo por el
capot, y ningún rastro de civilización visible.
Pero
Dios siempre ayuda (si no pregúntenle a Francisquito I). Y más todavía por esos lados. Una hora más
tarde estaba cenando con una bellísima familia, que me había
hospedado junto con mi chica un par de meses antes. Otra vez como en
casa. Con mi Pseudo Papá intentamos hacer funcionar el auto al día
siguiente, sin resultado. El auto fue vendido como chatarra.
Ya
habiéndome despojado de tan pesada carga material me encontré
liviano y libre; así fue que extendí las alas y volé de
Christchurch a Wellington, la agradable ciudad capital.
Me
reencontré con mi Chin Yin - todavía con un bronceado que sólo
puede ser forjado en Fiji – y durante el siguiente mes y medio
recorrimos la Isla Norte de punta a punta, a dedo. Cada semana
cambiábamos de lugar, parando en granjas o casas usando el sistema
HelpExchange o WWOOFing (trabajando cuatro-cinco horas por día en
jardines o granjas a cambio de alojamiento y comida).
Así
en esta etapa final de nuestro viaje realmente empezamos a frecuentar
gente de aquí. Antes cosechábamos o empacábamos frutos, siendo
casi todos extranjeros en el ambiente de trabajo, y compartíamos
hostel o vivienda con extranjeros.
Pero
este breve episodio final del viaje nos permitió conocer realidades
insospechadas, como la existencia de numerosas pandillas, la relación
entre la caída del yen y la urbanización de la campiña en NZ, el
Lejano Norte (Northland) como epicentro de la vagancia +
planes sociales + robos (¿+ maori?), etc.
Diversidad
de personajes pasaron por nuestras pupilas -y, a veces, por nuestros corazones-,
compartiendo su casa o su auto, o incluso una bolsa de duraznos al
costado de la ruta... pero fundamentalmente un pedacito de sus vidas.
Leñadores, docentes, empresarios, hippies, granjeros, músicos,
gente misteriosa, amas de casa, etc. También entendimos elementos
que a priori no pensábamos
encontrar representados aquí: los orígenes del rebrote del racismo
nord-europeo, las pretensiones de Croacia y la hospitalidad en
Bosnia, los modales en Omán y la frivolidad en los Emiratos Árabes,
las asquerosas golosinas holandesas...
Tipo muy humilde y copado. Lió un cigarrillo en 2,8 segundos. Mientras manejaba.
Bombón haciendo dedo :)
Tipo duro, muy duro. Al lado el conductor, vestido de negro.
En
fin, aprendimos (o creemos haber aprendido) varias cosillas.
- No, hacer dedo no es peligroso/incómodo/una pérdida de tiempo).
- Sí, la gente es intrínsecamente generosa, sólo parece no serlo en algunos lados por la inseguridad o algún otro factor.
- Sí es posible viajar sin gastar dinero (en promedio usamos dos dólares por día per cápita)
- Sí, el salto bungy es caro e increíblemente corto. ¿Vale la pena? Creo que sí.
- Sí, cualquiera -CUALQUIERA- puede aprender lo necesario para vivir o viajar dondesea en el mundo: a cosechar arándanos, plantar frutillas, manejar por la izquierda, envolver pallets de pescado, bailar y causar risa para hacer dedo, jugar juegos para tomar, transportar sólo lo estrictamente necesario como equipaje, comer por monedas, hablar un poco de chino, tocar el ukulele, jugar al bádminton, meditar en un templo budista o cocinar comida malaya.
¿Lleva
un tiempo acostumbrarse al acento y realidad neocelandeces? SÍ.
¿Vale
la pena? Definitivamente, HELL YEAH, BRO!
Me
hacía preguntas, antes
Para
qué rezar si ya te tengo
Para
qué formalizar si ya me vuelvo
A
mirar el Sol desde otro lado
A
comer pastafrola, alfajor y asado
Por
qué vas a llorar si estás conmigo
Por
qué menospreciás a aquel mendigo
Que
te recuerda que nada poseemos
Y
hay tantas cosas que no entendemos
Dónde
estarás cuando te llame
Dónde
estaré cuando me extrañes
Y
me dediques poemas y nostalgias
Y
te llenes de ibuprofenos y de cafias
Quién
me esperará en mi retorno
Quién
decorará de tu casa el entorno
Un
jardín con gladiolos, enanos y jaulas
Para
los pájaros, sádicas aulas
Cómo
vamos a volver a vernos
Cómo
cambiar del reloj el perno
Si
la distancia es densa, inmensa
Y
el reloj sopesa mi torpeza
Cuándo
decidirás aceptar a otro
Cuándo
batiré a duelo a un mostro
El
de la duda y la indolencia insana
No
sé si buscarte, siestear, o nada
Qué
te atrajo de este tipo
Que
no es fachero, audaz ni rico
Es
como yo, que no supo elegirte
Se
trata de mí, el que te dejó irte
