-¡Andá a ese árbol, chabón, que ahí vienen los
franceses y se van a agarrar todas las buenas!
Muchas realidades distintas coexistieron durante la
cosecha de la cereza en Cromwell. Hubo varios eventos desafortunados, sí. Así
como también algunos aventureros obtuvieron las recompensas prometidas por el
inconsciente colectivo de la comunidad latina en NZ.
En mi caso, todo empezó hace muuucho tiempo.
Con mi groso amigo Ricky postulamos para ser
clasificadores/evaluadores de calidad de cerezas para una pequeña compañía seis
meses atrás, una lluviosa mañana de julio en la acogedora ciudad de Nelson.
Olvidé todo hasta Navidad, cuando el espíritu
capitalista de Santa Claus me poseyó y me engatusó con argumentos como “dale,
vamos a las cherries, es buena plata, seguro va a haber joda como en la
temporada de kiwis en Te Puke, copate”.
Empaqué todo (es decir, arrojé violentamente mis mugrosas
posesiones al baúl del auto), dejé a mi chica que en breve se iría a las playas
de Fiji a caretear polinésicamente con sus amigas, y llegué a Cromwell una
mañana fría, lluviosa, ventosa, tal como cuando postulé en pleno invierno.
Incluso nevaba en las sierras aledañas al pueblo; el clima impredecible sería constante.
Constante dolor de huevos.
Llovió el día que teníamos que empezar a trabajar,
seguía nevando arriba. Al día siguiente, 27 °C de máxima, pero había que
esperar a que las cerezas se secaran para que no se pudrieran al almacenarlas.
Al otro día, lluvia de nuevo. Fuck. Encima no hay NADA para hacer que no
sea trabajar, en esta pequeña pero pretenciosa localidad.
Cuando por fin empezamos a trabajar el buen humor
renació en nuestros codiciosos corazones. Diez horas el primer día, moviendo
baldes o seleccionando cerezas, cobrando NZ$16 por hora. Joya. Empezamos a
hacer cálculos, proyecciones, horóscopos precolombinos. Esa noche soñé con un
café en París.
Segundo día, luego de dos horas fuimos informados del
agotamiento de las reservas de cerezas, por lo que tendríamos que esperar a que
se cosecharan más, ¡cuatro días “libres” antes de volver a trabajar! Esa noche
soñé con Lita de Lazzari y latas de picadillo de carne sobre galletas Marolio.
Ahí recordamos que la pasividad y la paciencia a veces
pueden ser confundidas. Pero no por nosotros, pre-pelotudos laborales que
subsistieron tres meses en Nelson trabajando sólo cuando el gordo de la agencia
de trabajo se dignaba a darnos laburo por el día y prometiendo más horas para
la siguiente semana, cosa que nunca ocurrió.
Movimos cielo y tierra -queda mejor que explicitar que
llamamos sólo a dos lugares- hasta que encontramos trabajo como
cosechadores/recolectores (pickers) para otra compañía con muuuuchos
huertos de cereza.
Para describir brevemente, el sistema es sencillo: uno
tiene un arnés del cual se cuelga un balde, y empieza a recoger cerezas
cuidadosamente. Cuando el balde está lleno, se deja en el piso y se pega una
etiqueta con el propio número de empleado. Los baldes son revisados
periódicamente con más o menor dedicación. El pago al empleado casi siempre
fluctúa entre NZ$4 y NZ$8.
Y bueno, empezamos excelente, buena fruta,
supervisores copados, trabajando al ritmo que uno desea, tomando pausas o no,
hablando, escuchando música foránea e incluso la posibilidad de bailar
coreografías o flashmobs.
Pero había gente el doble de rápida, es decir que
juntaban el doble de baldes de fruta y por lo tanto el doble de dinero. ¿Cómo
hacían? Pregunté aquí y allá, luego de observarlos y no encontrar ninguna
habilidad sobrehumana o velocidad epiléptica.
-No te preocupes por la calidad, excepto la fruta que
queda a la vista. Abajo podés poner lo que quieras- me dijo un pícaro y
desgarbado francés.
Cuando intenté poner en práctica la nefasta praxis,
fruto de la novedosa “viveza criolla” francesa, todo parecía ir a las mil
maravillas. Agarraba prácticamente cualquier cosa, sin preocuparme por la
calidad, excepto en la fruta en la superficie del balde.
Fenómeno, treinta y un baldes ese día, mucho dinero.
Después de un par de días de lluvia en los que no se
trabajó, volvimos con todo, ya alertados mis amigos de que la estrategia
corrupta andaba bárbaro. Excepto que a media mañana el supervisor me llamó y me
dio un papelito prolijo y formal. “Esto es una carta de advertencia… tu fruta del
viernes fue de una calidad pésima, si sigue ocurriendo quizá recibas una visita
de unos amigo grandotes a los que les gusta mucho hablar… con sus puños”.
Ah, no, lo último se me traspapeló de alguna película
pedorra de matones. Pero lo de la carta es cierto. Y merecido, en verdad. Eso
es lo lindo de los malos hábitos, que aunque en algunos casos parezcan lo más
conveniente, en verdad siempre son castigados.
Aunque yo fui el único que recibió carta de
advertencia, muchos otros hicieron desmanes similares, por lo que los peces gordos de la empresa decidieron
ponernos bajo el mando de un supervisor recio y de antecedentes castrenses
(cabo segundo en la última guerra contra los maoríes rebeldes, según cuentan).
Molesto como pocos, el chabón. Encima se notaba que había superpoblación de pickers (recolectores) por lo que en
cinco o seis horas por día terminábamos los lotes de mierda que nos
tocaban, con poca fruta y sólo en las copas de los cerezos.
Así que un día con Ricky, mi capo compa chino,
decidimos cambiarnos a la mayor empresa de todas, NZ Cherry Corp. Y ahí fuimos.
Y estuvo bueno, mayormente. El caso es que a veces tocaba recolectar la fruta
que no estaba madura en la primera recolección. Ahí se complicaba para obtener
dinero. Pero un par de días de excelente fruta y bastante calorcito, luego de
once horas -parando sólo un par de veces para visitar los exquisitos baños
químicos y volver corriendo- engañando la sed y el hambre (ya se imaginarán con
qué)* se pudo hacer un dinero aceptable.
Al final de la temporada, cuatro semanas, finalmente
terminamos obteniendo el mismo dinero que en la mayoría de los otros empleos
estacionales, pero con la ubicación estratégica del pueblo pudimos visitar
muchos otros lugares, al estilo Bariló-S.M. de los Andes, y otros aún más
maravillosos (Milford Sound, alto fiordo).
Después de invertir un dinerillo en arreglar el auto
para obtener la renovación de la WoF (garantía de buen funcionamiento, como la
VTV en Argentina), y de invertir igual cantidad de dinero en actividades increíbles
e inolvidables, emprendí un largo viaje,
desde Queenstown a Christchurch, 600 aburridos kilómetros, teniéndome a mí
mismo como única compañía. Alto fiasco.
Dos grandes cosas estaban a punto de suceder, una muy
buena y otra muy malita…
* No, la respuesta no es “merca”.
Un poema bien copado, para variar:
Poema 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda
Ya lo dice el refrán: ... a cada truhán le llega su San Martán ..., con fugaz licencia para la rima, pero bueh, se ve que allá en NZ se cumple. Por estos lares el mismo hecho habría generado alguno o varios de los siguientes episodios:
ResponderEliminar- El Sindicato de recolectores de cerezas de la plantación XSJ Inc. (de 3 hectáreas), federado en la Central de Recolectores Artgentinos, repudia la excecrable conducta discriminatoria (?) de la supervisión para con el compañero Nico.
- La comisión por los Derechos Humanos declara vulnerados los derechos de selección de fruta por parte de recolectores con criterio propio.
- La Liga Feminista Argentina saca una Solicitada apoyando la igualdad entre las cerezas, independientemente de su estética.
- En la Honorable Cámara de Diputados mocionan a favor de modificar (aumentar)las penas para casos de abuso ... como el de los supervisores de marras ...
- La presidente, absolutamente desinformada, twitea: 'No doblegarán el espíritu de ningún argentino mediante acciones intimidatorias y hostiles de las cohortes expoliantes y extrangerizantes del capitalismo opresor ...
Jajajjaja, ¡grande, chabón! Me hiciste cagar de risa. Por suerte -creo- acá las cosas funcionan distinto. Beso enormeeee :D
ResponderEliminarPalpitante y gracioso tu relato, me reí mucho con tus ocurrencias! y casi me pongo a llorar con la poesía ... amorosamente conmovedora.
ResponderEliminarMuy acertado el análisis de gea :)
Besos Nico,it's the final countdown ♫ for your first stage :)We're waiting 4 U !!!
Buenaa chabón, no sabía que habías estado en tantos laburos relacionados con las cerezas. Lástima que te cacharon con la táctica francesa...
ResponderEliminarMuy bueno el poema!
Mmm fue simple casualidad que el post lo hiciste el 20 de febrero, y el poema que pusiste es el N° 20??
ResponderEliminar