Miro hacia atrás y veo innumerables
caminos, algunos recorridos y muchos otros que pude haber tomado pero descarté.
Miro hacia adelante y no veo nada,
la arena de una playa sorprendentemente parecida a la Bristol me lacera los
ojos, ¡viento de mierda!
Estoy en Christchurch, una ciudad
que todavía sigue bastante hecha polvo después de un par de terremotos, Divinas
sacudidas a una ciudad alejándose del Camino. Igual esta gente no aprende más,
el Casino sigue siendo el principal polo de entretenimiento. Así les va a ir,
paganos de miérrrcoles. (¿?)
En este lapsus sin actividad nueva
en el blog hice muchas cosas. Generalmente sin importancia, obvio. Pero sucedió
alguna que otra cosa relevante para mí.
Por ejemplo, renuncié al empleo de
abridor de mejillones. Lo que en el momento estaba resultando bastante
insoportable, ahora, tres semanas después y estando desempleado, se revela como
muy bueno. Como todo; todo tiempo pasado fue mejor.
Partí con la genial piba malaya que
sería mi novia, y uno de mis mejores amigos multiculturales, un chino con el
que compartí laburo y vivienda por dos meses. Ambos chinos de etnia, pero tan
distintos entre sí como Nietzsche y Belén Francese.
(Para no bardear mejor no entrar en
detalles, pero diré que ella es jodona, laburadora, sabia y sensata. Ah, y
tiene pecas, y los gemelos más grandes que los míos).
Como decía, el equipo partió hacia
la costa Oeste de la Isla Sur de la Tierra Media, eh, de Nueva Zelanda, digo.
Luego de piruetas exploratorias arribamos al punto etremo de una ruta, en una
aldea hippona llamada Karamea,
parando en un hostal aún más hippie,
colorido, musical, orgánico y experimental. Así, de un lugar del que poco
sabíamos y nada esperábamos, obtuvimos una visita a una vueva filmada en El
Señor de los Anillos, un poco de práctica en el piano y la guitarra, una fiesta
despedida de un equipo de filmación japonés (con birra y cerdo asado gratis), y
la posibilidad de transmitir por la radio local un par de canciones. Jugó,
Karamea.
Luego de pasar por el bello sitio de
Punakaiki, alias Pancake Rocks, al
día siguiente, y de comprobar los rumores sobre la sombría ciudad de Greymouth
(“Boca gris” en criollo; gris el cielo, grises las edificaciones, gris es el
humor de la gente, e incluso su ropa interior y sus acolchados), llegamos a
destino, un hotel de montaña en el cual pasaríamos los siguientes siete días
trabajando unas horas por comida y alojamiento.
Un trato estupendo. Estar en el
medio de un groso parque nacional, acunado por las montañas y comiendo de
restaurante todos los días, a cambio de hacer unas camas, limpiar, cortar
pasto, barnizar o lavar los platos. Un golazo. Help Exchange (helpx.net), para quien esté interesado en este subtipo
de ganga.
Trekkings, series, joda y
conversaciones con locales fueron parte de la magia. También la alegre
presencia de la genia Erica, la italiana con el mejor nivel de inglés y la risa
más estridente que haya conocido.
El obtener los recursos básicos para
la supervivencia a cambio de sólo unas horas de esfuerzo revalida el estilo de
vida primigenio, y hace que la rat race,
el modelo capitalista de existencia en búsqueda de más y más posesiones parezca
irrisoria.
El siguiente paso sigue
constituyendo un misterio para quien escribe –un zopenco, si se me permite la
expresión-. Y eso es excelente, ¡aguante los misterios, carajo, mierda!
Confesión poética de un ex represor
de la última dictadura argentina
Anochece ya en el barrio
Titilan los cigarrillos
Dando un aire turbio, pillo
Noche de martes distinta
Flojas de ropa, minitas
Se muestran por esa calle
Entre corpiños, hondos valles
Así pues la escena pinta
Jamás antes lo pensaba
Mas ahora me entró gana
De tirar al aire una cana
Y yo no miento, mi amigo
Le digo que por capricho
Puse en marcha el fiel Renault
Limpio él, bañado yo
A buscar chicas, lo admito
Muy confiado y sin prejuicios
Salí a patrullar la zona
Verseándole a la patrona
Inicié la travesía
Que según habladurías
Guarda una o dos sorpresas
Con chicas mas bien traviesas
Me agarró la policía
Cómo aclarar el enredo
Con agentes de la Ley
Que ahora creen que yo soy gay
Por verme como me vieron
Al ladito del Renault
Desnudito y agachado
Con dos travas enfiestado
¡Viejo, milico, puto y pajero!






